Sentadas, las dos, en un banco de madera. Entre capuchas y bufandas nos protegemos del frío y esperamos juntas en silencio. Percibiendo el instante. Ese que nos sitúa en el presente inmediato. La lluvia cala el suelo, los árboles, pero no a nosotras. Bajo techo, resguardadas, escuchando a Morat «Tal parece que yo me acostumbré a ti en un solo día…» Y cantamos, reímos, nos miramos, hablamos. Es misterioso cómo dos pueden ser una. Sentir tanto lo mismo siendo en parte iguales en parte diferentes. Dos que cabalgan juntos, dicen sobre la amistad.
Me acuerdo de esa canción. Y de esa otra, absorbidas por el sonido de las guitarras. A veces, tocabas tu. A veces, yo. A veces, las dos. Hemos compartido música y letra. Años. Tiempo. Y parece que no pasa, que siempre vivimos el instante. Esa madera en la que permanecemos sentadas me transporta a esos paseos, hace unos años. A ese mar, a esa casa, a ese salón, a ese sillón, a ese rincón que solo nosotras conocemos. Cómo un momento, un rincón, una canción me han llevado tan lejos, estando tan cerca.
Rincones escondidos, insignificantes para muchos que los ven. Pero no para nosotras. «Son aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas», que solo tú y yo sabemos cuánto significan, amiga.
«Uno se cree
Que las mató
El tiempo y la ausencia.
Pero su tren
Vendió boleto
De ida y vueltaSon aquellas pequeñas cosas
Que nos dejó un tiempo de rosas
En un rincón
En un papel
O en un cajón.Como un ladrón
Me acechan detrás
De la puerta.
Te tienen tan
A su merced
Como a hojas muertasQue el viento arrastra allá o aquí
Que te sonríen tristes y
Nos hacen que
Lloremos cuando
Nadie nos ve.»(J. M SERRAT, Aquellas pequeñas cosas)




Deja un comentario