Distancia. Eso es lo que tomo para descansar y desconectar. Cuando me preguntan cuál es mi receta, contesto con una sonrisa picaresca y con una sola palabra. «Distancia». Me toman por loca, no lo creo. Todos lo hemos experimentado.
Imagina un puente blanco que se eleva sobre un río de agua fresca. Una vez sales de tu hogar lo recorres y decides cruzarlo hasta el final. Una vez terminado ese trayecto sigues andando y encuentras un campo florido que te invita a detenerte en la naturaleza y sin pensarlo dos veces te echas una siesta. Después sigues caminando y llegas a un pueblo desconocido y durante varios kilómetros más no detienes tu paso hasta dar con una casa. Esa casa te invita unos días a estar como huésped con un solo lema: «Si te quedas, recuerda que aquí no hay tiempo para prisas». Ese es el trato para que puedas detenerte un tiempo en esa casa de montaña tan acogedora.
El trayecto que has recorrido con tu imaginación es lo que necesitamos en la realidad: tomar distancia de nuestro día a día para reflexionar sobre lo vivido, para vivir lo inmediato olvidando lo reflexionado, y para coger aires renovados que nos lancen hacia lo que falta por vivir. Vivir de segundos de reloj compaginando el disfrute sobre el ahora y la reflexión sobre lo pasado y futuro. Sin agobios. Ese es el lema: no hay prisa. Es la magia del descanso cuando nos adentramos en otro ambiente alejándonos de la cotidaniedad. Es una decisión que nos lleva a otro estado casi sublime.
Surcamos mares, escalamos montes, rodeamos costas por senderos que nos llevan a playas inmensas. Y esas playas nos devuelven a casa tras una puesta de sol que contemplamos embobados. En el coche conducimos y cantamos con el pelo mojado y los labios con sabor a sal. Kilómetros y más kilómetros que nos acercan, entrada la noche, a nuestro hogar de verano. Días largos, noches cortas y brisas que parecen no terminar. Lunas viejas, estrellas nuevas. Miramos desde la ventana de la buhardilla y dormimos y amanecemos jugando. Lagartijas y sapos en la piscina que provocan nuestras más originales carcajadas al intentar cazarlos. En una palabra: distancia.
Fotografías tomadas en Bilbao (Puente colgante de Las Arenas) y en San Vicente La Barquera (Cantabria), agosto 2017.




Deja un comentario