Andar bajo el cielo sin hacer nada. Simplemente andar.
Andar bajo la lluvia sin paraguas. Dejándote mojar.
A veces somos incapaces de vivir sin hacer nada. Nos cuesta dejarnos llevar, dejarnos sorprender; en definitiva, dejarnos amar. Porque queremos controlar. Y ser dueños de nuestros pasos.
Pero, al final, nos damos cuenta de que los pasos que no aseguramos son los más originales, divertidos y nos llevan hasta lugares insospechados; precisamente, nos conducen lejos de nuestros esquemas mentales. Y ahí, en esos pasos que no hemos previsto, hallamos un nuevo sentido.
Entonces, nos dejamos sorprender por la belleza inesperada. Y dejamos que ella nos lleve hacia nuestra verdad. Hacia nuestro camino.
Foto: Caminando hacia Santa María del Mar, Barcelona.




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