LONG ROAD

Long road: esta canción de Passenger me inspira. Eso es la vida. Una carretera larga. Una aventura que viene y va, que cambia constantemente. Movimiento, coches, frenazos, adelantos… conducir con la seguridad de tener el mundo en tus manos o con la inseguridad de una niña que todavía está aprendiendo a vivir. La vida es crecimiento y crecer implica transformación. Avanzar y seguir avanzando, aunque parezca que los frenazos o las reducciones son retrocesos.

Cuando los cambios nos hacen crecer, bienvenidos sean. Cuando sacan lo mejor de nosotros, la respuesta es la acogida, pero siempre y cuando no perdamos conexión con quienes somos y con lo que amamos. El crecimiento nos tiene que llevar a agradecer lo conducido, disfrutar del «hoy y ahora» contemplando cada sunset y, también, a mirar el horizonte con esperanza. Pero nunca puede contradecir las preguntas que nos definen: quién soy, qué amo, de dónde vengo, a dónde voy. Los cambios nunca deben ser una mentira. Cuando nos ponemos caretas, ahí no hay auténtico crecimiento, sino una pose, exhibición, falsedad.

Últimamente he reflexionado que crecer es un arte. Y todo arte, para dominarlo y convertirse en artista, requiere técnica (conocimiento), tiempo (para decidir,  equivocarnos y acertar) y, también, autenticidad (creatividad, originalidad). Es decir, crecer no es copiar a los demás, aunque en ellos encontremos buenos referentes, sino recorrer el propio camino con una actitud esencial: la humildad. La humildad de dejarnos acompañar y pedir ayuda cuando lo necesitemos. Acudir al GPS como acudimos a quienes son buenos guías en una carretera en la que no somos el único conductor. 

Por ello, crecer tiene que ver con ser fiel a uno mismo y dejar ir lo que hace daño. Soltar. Despojarse de lo innecesario. Seguir andando, pero con menos carga en la mochila. Conducir disfrutando del paisaje, con soltura. Pero con valentía y coherencia. Con personalidad propia. Crecer, entonces, es amar mejor a uno mismo y a los demás.

Crecer es ir por una carretera larga, con curvas, tensión y también recorrer trayectos en los que te invade una enorme calma. Agradecer el pasado, contemplar el presente y mirar el futuro con esperanza. Cuando crecemos experimentamos paz, que es reflejo de que somos nuestra mejor versión y también de que amamos con desprendimiento. Con Machado, hoy podríamos decir en una versión actualizada: «Cada conductor, siga su carretera».


Foto de Diana Ribó: Conduciendo, mayo de 2022.

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