Escritora. Lo llevo en la sangre desde pequeña. Es mi pasión, mi sendero hacia la paz, mi puente hacia lo trascendente. Disfruto creando un nuevo texto, interpretando lo que vivo, describiendo lo que pienso y siento. Escribir lleva a ser consciente de uno mismo, los demás y el mundo. Apacigua el ser. Es profundizar, crear, reflexionar y muchos verbos más. Como me decía mi maestro JN, «es convertir las lágrimas en tinta»; o JG, «observar, comprender, describir y explicar». Al fin y al cabo, comprenderse y comprender. Ser auténtico. Vivir y dar vida.
Esta canción de Noah Kahan habla de mi historia —y, quizá, de la de todos. Porque, al final, no somos tan distintos. Destaco un verso: «Say whatever you feel, be wherever you are». La música es otra de mis pasiones, además de la escritura, el cine y contemplar la naturaleza. Escucho muchos estilos, pero con los que me identifico más son el folk, el pop y las bandas sonoras. Y también, me inspira la música de entre los años 50 y 80, que coincide con la época de mis abuelos y mis padres, pues las raíces marcan.
En el ámbito profesional, soy especialista en edición y análisis de contenidos. Escribo crítica cinematográfica en Contraste y colaboro con diversos medios digitales, donde exploro cómo el lenguaje audiovisual nos revela y transforma. También soy profesora asociada de comunicación escrita en la universidad. En mi tesis, El final de la vida en el cine contemporáneo: un análisis temático, estudié diez películas sobre el final de la vida para comprender cómo el cine ilumina ese último tramo de la existencia.
Escribo en este blog desde 2016. Antes desde Pamplona; ahora, desde Barcelona; siempre, desde La Ciudadela. El nombre nació cuando estudiaba Periodismo y Filosofía, frente a la Ciudadela de Pamplona: un lugar inspirador que cruzaba para ir a la universidad, pero también para pasear, tocar la guitarra y fotografiar. Su forma de estrella me fue cautivando durante esos años. En ese momento, también leí La Ciudadela de A. J. Cronin, una novela que saboreé como pocas. Aprendí algo para siempre: como Cristina, la mujer del protagonista, yo también quería ser una ciudadela.
Desde entonces me reafirmo en ese deseo: proteger, cuidar, iluminar y sostener con la escritura. Cada coma, cada punto, cada palabra importa. Todos los elementos del texto forjan una ciudadela resistente. Ese es mi propósito: acompañar con palabras, refrescar la vida como un perfume, ayudar a que todo fluya un poco mejor. «Flow!», me digo cuando llega la inspiración. Porque la inspiración no se busca: aparece. Y he aprendido a atraparla cuando aflora.
Todavía no había revelado mi nombre. Aunque mi querido amigo XF me llamaba «Ciudadela», mi nombre es Rocío. De niña no me gustaba, pero ahora me encanta, porque habla de mi esencia. Nuestro nombre guarda algo misterioso de quienes somos y para qué estamos. Con el tiempo he descubierto que ser una gota de agua al amanecer tiene mucho que ver con mi deseo de ser una ciudadela: sin el rocío de la mañana no hay esperanza; y sin la escritura, tampoco, al menos para mí. Escribir es vivir de otra manera: vivir ensanchando el pensamiento y el corazón.

«Allá en el cielo, sobre él, resplandecía una hermosa nube en forma de ciudadela»
A. J. Cronin