LENTA ADMIRACIÓN

Avanza sin avanzar, no tiene prisa. La barba blanca le pesa. Ensimismado por una recóndita acera, prosigue sin levantar apenas la mirada del suelo. Jersey de pico azul marino, y debajo una camisa de rayas. El borde del pantalón roza sus castellanos tranquilos. Desprende un señorío desafiante, que no responde a su armónica combinación de las prendas, sino a su paso sereno. Quizá reflexiona sobre el bloqueo político español, o quizá ahonda en los pensamientos contenidos en la Retórica de Platón. Parece un sabio con muchas capas en el cerebro, como si la vida le hubiera enseñado lo suficiente para caminar de ese modo. Admiro esa serenidad en la que descansan sus zapatos así como sus ojos invadidos por la experiencia.

Doblo la esquina y dejo atrás al anciano, sin olvidarme de él, cuando topo con una chica. Corre sin correr, llega tarde. A paso ágil, y con el pelo mojado, como recién salida de la ducha, marca sus pisadas al ritmo de la música. Aunque su cabello tapa los auriculares, una canción de Taylor Swift vibra al máximo volumen dentro de sus tímpanos. Se mira y remira mientras cubre su escuálido cuerpo con un abrigo verde acolchado. Sus zapatillas Nike intentan no disminuir el paso y piden a gritos más volumen para llegar a clase a tiempo.

Ahora dejo atrás a la joven, y sin que nadie se fije, observo por el borde de mi hombro, girando la cabeza para descubrir el encuentro entre los dos. No ocurre nada, solo un ligero adelantamiento: la rapidez supera a la lentitud, la juventud a la ancianidad, el estrés a la quietud. Vuelvo mi rostro, no dejo de pensar.

En menos de un minuto he vislumbrado dos modos de pasear, dos formas de vivir.   Considero la actitud del viejo, las maneras de la estudiante, y concluyo que la mayoría de mis días han corrido como lo hace la joven, sin pausa ni miramientos, y anhelan la moderación del sabio, repleta de reflexión. Ahora entiendo por qué he sentido fascinación al cruzarme con él.

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Fotografía tomada en la Ciudadela (Pamplona). Hombre caminando.

RMR. Pamplona, marzo 2016.

Respuestas a “LENTA ADMIRACIÓN”

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