Tiendo a hacer un breve uso de la palabra, apostando por las construcciones cortas, contundentes, los puntos y seguido. Quizá por ser mi estilo. Quizá porque me parece que tiene una fuerza mayor la brevedad. Quizá porque me he acostumbrado. Es algo que me sale natural, comunicar sin mayor complicación, sin subordinaciones. Le he estado dando vueltas a por qué en ocasiones nos ocurre que nos acostumbramos a una serie de acciones, a un modo de hacer, y he concluido que eso, muchas veces, supone comodidad y cerrarse a mundos desconocidos que nos enriquecerían si los conociéramos un poco mejor. Un poco más.
¿Y por qué nos pasa? Porque lo fácil es seguir haciendo lo mismo, lo que hasta ahora ha tenido más o menos éxito, o un cierto resultado. Pero creo que eso es quedarse solo con una parte de la realidad.
Es cierto que Miguel de Cervantes tenía su propia prosa, su «marca personal» (como diríamos hoy), pero lo que verdaderamente le hacía un grande era que escribía de todo. Y con un dominio alucinante de los verbos, los sustantivos, los adjetivos: del lenguaje, en su gramática y su léxico. Escribió obras distintas, sí, con el preciso vocabulario, también. Pero lo enriquecedor es que pertenecían a géneros diferentes: a la poesía, al teatro, a la novela. Probó distintos usos de la palabra, comunicó escenarios diversos y quizá, sin pretenderlo, se enriqueció por enfrentarse a otras formas de hacer saliendo de sus propias formas, ampliando horizontes. Cervantes se hizo dueño y señor de diversos mundos que han pasado a la historia marcándola profundamente porque apostó por más. Por la diversificación, sin por ello, dejar de ser original y ser él mismo.
Este es un reto personal y una invitación a la innovación y a la originalidad a todos aquellos a los que el escribir nos sale espontáneamente, natural. Para los que necesitamos plasmar el pensamiento, escribir es un pequeño placer, pero el hecho de forjar textos diversos supone una aventura. El reto es abrir horizontes sin dejar de ser nosotros mismos. En primer lugar, me lo aplico a mi misma. Claro que para ello, hará falta inspiración, copia en sentido representacional, buscar nuevos modos y mundos desconocidos: apostar por más, por apertura, por la verdad en último sentido. Pero quizá, «cambiar de bufanda», algún día nos haga ser como Colón, que vivía en búsqueda del territorio desconocido. O como Cervantes.




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