DENTRO

Meterme tanto en la realidad, contemplarla, ser como un surfista que entra sin miedo en el bravo océano de la vida.

Dentro de la realidad, vivir en ella, como si esta fuese el bravo océano, y yo, un surfista. Ese es mi anhelo cuando decido contemplar, cuando busco lo que supera el límite de mis sentidos. Vivir así es vivir. Y es una decisión. Lo tomas o lo dejas, pero pienso que contemplar nos hace ser más nosotros mismos, porque todos captamos la belleza de la realidad. Poseemos ese poder, inexplicable, hasta cierto punto.

La belleza presente en la naturaleza, en las personas, en el ritmo de los días y el silencio de las noches. Es cierto que no todos disponemos del mismo grado de observación del detalle y nos asombran distintas escenas, sin embargo, en todas ellas, descubrimos algo hermoso, inefable, que nos gusta y atrae nuestra atención.

Sí, nos atrapa del instante, y de pronto, nos transporta a un estado superior que nos paraliza, no por miedo, sino por sublimidad. La belleza por eso nos salva, porque alivia nuestras heridas del alma, las purifica, y nos renueva. Experimentar la contemplación de lo bello es optar por una medicina especial, que nos extrae del presente para llevarnos a otro presente, más allá, más arriba, más dentro.

Como ese surfista que se aleja de la orilla y se adentra, más y más dentro, en las olas que rompen y ondean la tabla salpicando todos sus esfuerzos por mantenerse en pie. ¡Dentro!, grita. Y las olas se hacen una misma cosa con él, le transforman, le sacan de la realidad y le introducen en otro nivel de profundidad. Más dentro.

“La belleza salvará al mundo” (Fiodor Dostoyevski)

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Fotos de verano 2016, en la playa de San Lorenzo (Gijón). 

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