Hace unos días volví a tocar la nieve. Después de cinco años sin esquiar, me había olvidado de cuánto nos enseña la experiencia del esquí. Volver a esquiar, además de la experiencia del deporte en sí, que supone toda una aventura, me llevó a la siguiente reflexión:
En búsqueda. Siempre estamos buscando. Esquiando las pistas de la vida. Y al esquiar, la nieve nos lleva a la cima. La vida es buscar. Ser uno mismo: ese es el reto de cada esquiador. Esa es la búsqueda: ¿Quién soy yo? ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿A dónde me dirijo?
Esquiar implica caerse y levantarse, seguir esquiando, avanzar, subir más alto, tomar otro telesilla que te lleve más cerca de la cima. Tú decides si esquiar por azules o por rojas, pero para llegar a dominar las rojas, déjate ayudar y deja a los demás que te acompañen en tu elevación a la cima.
Paso a paso. Tramo a tramo. Caerse y volverse a caer. Levantarse, tomar la mano de quienes esquían contigo. Porque nunca esquiamos solos. Ser tú mismo depende de ti, pero no te olvides de los demás esquiadores, porque esos que te conocen y quieren siempre te acompañan en esa montaña de la vida. De tu vida.
Fotografía tomada de Unplash.




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