DÉJAME SER

Se que te hago llorar. Se que no sonríes. Se qué duele. Se también que me voy y, que tarde o temprano, vuelvo a aparecer. Que no te dejo nunca. Que aunque estés bien, estoy ahí.

Y frunces el ceño. Empieza tu cara a arrugarse. Y parpadeas entre lágrimas. Y sollozos. Y luego más gestos. Rojeces. Lloras con más fuerza. Hipidos. Y no hay forma de que el llanto termine.

Déjame ser. Es bueno que experimentes que la vida es amor y porque amas sientes dolor. Déjame ser en ti. Porque sino no serías tú, ni amarías como amas: con esa capacidad que te ha sido concedida desde lo alto. Si no duele entonces es que no te has dado, partido, roto por los demás. Deja que la herida pique, deja que el daño escueza. Porque sino dejas que siga su curso, ocultarías lo que te hace ser tan especial: el amor único que tú puedes dar.

Por eso duele tanto, porque amas tal y como eres, con autenticidad. Si no amaras entonces no estaría en ti, y nunca entenderías la felicidad, el gozo y la paz. Puedo ser en ti sin ser incompatible con ellos. Déjame ser. Porque te comprenderás. Y serás capaz de experimentar que la vida es amor. Si me dejas, te enseñaré que el amor solo es verdadero si al darte te rompes. Y al romperte, aprendes a vivir de verdad. Porque quien no sufre, no ama.

El sufrimiento


Foto: Unsplash

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