DESEO DE CONEXIÓN

Antes de que llegaran las vacaciones de verano, me pregunté: ¿Qué hago con las redes? ¿De qué modo las uso sin que afecten a mi descanso? Entonces el 22 de julio decidí realizar un experimento: estar un mes desconectada, y que ellas hicieran también vacaciones. Me invadía continuamente, revoloteando como un mosquito pesado, esta idea: «Tengo un profundo deseo de conexión que no logro saciar con ninguna red. Y cuánto más tiempo paso haciendo scroll en la pantalla, menos conexión experimento».

Por eso, pensé que desconectarme de Instagram y de las demás redes, al cien por cien, podría ser el camino hacia la verdadera conexión. Y así lo hice: eliminé todas las apps del móvil e hice la promesa de hacer el experimento sin trampas. Paradójicamente, necesitaba conectar sin conectarme. Conectar conmigo misma, con los demás, con la naturaleza… Me hacía falta una nueva mirada, que penetrara en la belleza, oculta para esos ojos cansados de tanto exhibicionismo, exhaustos de contenido basura, anhelantes de tocar la realidad tal y como es, sin filtros.

Soy usuaria de Instagram desde el 2012, dos años después de su lanzamiento. Consciente de la fuerza y el gran bien que puede hacer, cuando se usa con un sentido, tras diez años me cuestiono qué propósito tiene, o en qué la hemos convertido. La falta de autenticidad me mata, y muchas veces, eso es lo que vivo y veo cuando estoy en Instagram: hacemos fotos y las colgamos «para que todo el mundo lo vea» (1). No tengo muchas respuestas, solo sé una cosa: Todos anhelamos ser felices al compartir. Buscamos la belleza, el bien, el amor. Más allá de la adicción que genera y el postureo que a veces se percibe, creo que nadie se salva del deseo de conectar de verdad con uno mismo, los demás y la realidad. Y que, si somos sinceros, sabemos que Instagram no es, ni de lejos, la solución.

Tras mi experiencia de un mes out tras diez años in, puedo decir que he experimentado más libertad interior, más amor, más «conexión de verdad». Y, como consecuencia, menos necesidad de compartir mi vida públicamente, desde la inmediatez. He aprendido a compartir de tú a tú y a esperar más. A estar en la realidad. A saborearla segundo por segundo, y que cada respiración tuviera sabor a presencia. Sabor a paz. Una paz que antes buscaba, tal vez sin darme cuenta, también en los likes. Ahora, renovada, me planteo seguir desconectada un tiempo y desconectar cuando mi pequeño ser anhelante de conexión lo necesite.

Foto: Hendaya, agosto 2022.

(1) Canción: «Para que todo el mundo lo vea«(Arnau Griso).


Deja un comentario