Dejar a las cosas ser lo que son es un verdadero arte. Ser capaces de dejar que hablen por sí solas, en su esencia. Dejándolas actuar tal y como su naturaleza dicta. Dejar de moldear la realidad a mi gusto, dejar ser al tiempo, dejar que las personas sean ellas, dejar que la vida sea la que es, dejar de controlar, dejar de vivir la vida de los demás. En una palabra, aceptación.
Dejar ser a la realidad, aceptarla con todos sus matices, sin pretender cambiar los colores que la definen pero que desagradan o tratar de imaginar destellos nuevos que no pertenecen al hoy y al ahora, a la realidad tal y como es, así, como tal. Como se desarrolla. Como avanza.
Dejar ser al tiempo. Dejar que pase lo que tenga que pasar. Dejar que los días sean así y no de otro modo. Dejar que cada día sea lo que está llamado a ser. Dejar de dar vueltas a como debería haber sido. Cada día es un nuevo amanecer, único, distinto, con sus tonos.
Dejar que las personas se desenvuelvan conforme a lo que les nace de su interior. Dejar que se muevan, avancen, retrocedan, hagan, se equivoquen, se caigan, se levanten. Dejar que sean ellas mismas sin querer amoldarlas a un esquema mental, una idea o una etiqueta. Dejar que cada uno se exprese, tal y como es, sin buscar que sea como quiero o pienso que tiene que ser.
Dejar que la vida sea así y no como me gustaría, dejar que me invada el asombro y el misterio. Soltar mis ganas de saber los porqués. Soltar mi deseo de entenderlo todo. Dejar que la vida sea la que es y no la que me he imaginado o soñé con… Dejar ser a lo que he vivido y no acepto. Dejar de lamentarme por lo que hubiera hecho de otra manera. Dejar de no acoger mi historia, tal y como es, o de pensar que si mi vida fuera otra sería mejor.
Dejar de controlar lo que no controlo. Dejar de pensar en el futuro con inquietud o recordar el pasado sin agradecimiento. Dejar de vivir hacia adelante o hacia atrás. Dejar al presente ser el protagonista, sabiéndome parte de una historia que explica mi ser. El pasado sirve para agradecer y aprender. Y el futuro debe ser aguardado con esperanza sin centrarme en exceso en él. Ése es el camino de la felicidad: Recordar y aguardar con paz; y vivir en el aquí y ahora, donde me esperan los demás y seré feliz.
Dejar de vivir la vida de los demás y empezar a vivir mi vida. Aceptar mi historia y la de los demás. Dejar que los demás hagan su vida. Y… ¡A vivir mi vida! El otro tiene su propio camino, diferente del mío. Ser protagonista de mi vida y no, de la de los demás.
Aceptación. Aceptar todo tal y como fue, tal y como es, y tal y como será. En esos tres momentos lo que alguien fue, es y será está el mismo ser que debe ser aceptado, acogido, con totalidad. La aceptación lo acoge todo en un eterno presente: el pasado, el presente y el futuro. La aceptación, a veces, no entiende, pero recibe, abraza y ama. La clave de la aceptación reside en amar lo que no se entiende.
Foto: La Cerdaña, junio 2023.




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