LA PRESENCIA DE I

Un instante invernal trasciende el tiempo, se transforma en sublime complicidad, y nadie te lo puede explicar. Con una carcajada en un dulce reposo, sobran las palabras. También, las acciones. Pero no hace falta nada adicional. Ya está todo dicho.

Compartir un mismo lugar y tiempo paran el mundo. Brota la risa. Crece el afecto. Y sigue el silencio que inserta una nueva pregunta en mi siempre ser inquieto ávido de saber.

¿Qué es lo que para el tiempo? ¿Qué lo que causa la risa? ¿Cuál el lugar del afecto? Hallo una idéntica respuesta para las tres cuestiones, una esencial para profundizar en el amor.

El amor no es lo que se comparte en simultáneo (el lugar o el tiempo). No es lo que se dice. Es lo que se vive por dentro: es lo que se da a otro y recibe de otro. Es la presencia.

En este instante, es la presencia de I. En todos los instantes vitales, ¿qué es lo qué para el mundo, lo que causa la risa? ¿Cuál el lugar del afecto? Aunque seamos inconscientes, es la presencia inalterable de quienes amamos.

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